Misión en República Dominicana
~
Misión en República Dominicana ~
Misión en República Dominicana: Un Viaje de Entrega, Fe y Gratitud
Este viaje a la República Dominicana no solo fue una misión de trabajo, sino una oportunidad para presenciar el poder transformador de un sueño compartido. La primera Jornada de Capacitación en el Cuidado de Personas con Demencia en el país trascendió la simple transmisión de conocimientos.
Se convirtió en un puente que unió a desconocidos por una causa común, guiados por la fe, la entrega y un sentido de gratitud que parecía resonar en cada rincón de las comunidades que visitamos. Desde el inicio, sentimos una conexión especial con los participantes y con la misión que nos unía, creando un ambiente donde cada persona presente aportó un valor único e insustituible.
Cómo Inició Todo
Esta aventura comenzó como un sueño de una de mis alumnas, quien, habiendo experimentado de primera mano el impacto de nuestros entrenamientos en el cuidado de personas con demencia, soñó con llevar estos conocimientos a su país natal. Con valentía y determinación, ella empezó a tender puentes, contactando a organizaciones y personas clave que compartían su pasión. Fue así que a junto a la organización “Ser Mujer” dirigida por la señora Diznarda De La Cruz, comenzaron los preparativos. No fue fácil; hubo retos y momentos de incertidumbre. Pero, poco a poco, este deseo se transformó en un esfuerzo colectivo donde cada miembro del equipo de JC Dementia Care Trainer se sumó con entusiasmo y dedicación. Nos propusimos no solo enseñar, sino también llevar esperanza y recursos a aquellos que más los necesitaban, comprometidos a que esta iniciativa trascendiera el simple acto de enseñar y se convirtiera en un acto de amor y servicio.
Ibelka Blanco, organizadora
y su esposo Osvaldo
Preparativos y Apoyo Colectivo
El plan de nuestro equipo no se limitaba a la capacitación; queríamos impactar directamente en las vidas de quienes a diario enfrentan los desafíos del cuidado de personas con demencia en condiciones difíciles. Gracias a la solidaridad de muchas personas y organizaciones, empezaron a llegar donaciones de equipos y suministros esenciales. Recibimos desde sillas de ruedas y andadores, hasta pañales, productos de higiene, y hasta lentes de lectura.
Cada donación reflejaba la generosidad de quienes, aún desde la distancia, querían aportar. Estos recursos fueron cargados en nuestras maletas y llevados con gran cuidado, conscientes de que cada artículo transportado era una chispa de esperanza para quienes tanto lo necesitaba
Llegada a Santiago de los Caballeros
El 21 de octubre llegamos a Santiago de los Caballeros, una ciudad llena de historia y belleza, que nos recibió con los brazos abiertos. Desde el primer momento, la comunidad mostró un interés genuino por aprender sobre el cuidado de personas con demencia. Esa misma noche, tuvimos la oportunidad de hablar en un canal de televisión nacional, donde compartí la urgencia de educar sobre esta condición que afecta a tantas familias. Al día siguiente, la agenda estuvo cargada de entrevistas y programas televisivos, cada uno de los cuales nos permitió conectar con más personas, diseminando el mensaje de compasión y empatía
Primera Jornada de Capacitación en Santiago
El 23 de octubre, organizamos la primera jornada de capacitación en el Ayuntamiento Municipal de Santiago. La respuesta fue abrumadora, ya que la capacidad del salón se vio rápidamente superada, y fue necesario habilitar asientos adicionales. Más de 400 personas asistieron, cada una con sus propias historias y desafíos. Durante las sesiones, no solo se compartieron técnicas de cuidado, sino también reflexiones profundas sobre la importancia de la empatía y el apoyo mutuo. Los participantes se sintieron identificados, y en cada sesión se fortalecía un lazo de solidaridad. Al finalizar la jornada, los certificados de asistencia se entregaron como símbolo del compromiso asumido por cada persona en su rol de cuidador.
Visita a Hogares de Ancianos en Santiago
La visita a hogares de ancianos fue quizás uno de los momentos más conmovedores de nuestro viaje. El primer hogar que visitamos nos recibió con inmensa alegría y gratitud. Tuvimos la oportunidad de interactuar con los residentes, escuchando sus historias y compartiendo momentos de alegría. Sin embargo, también fuimos testigos de las duras condiciones en las que muchas de estas personas viven, debido a la falta de recursos y el abandono familiar. En el segundo hogar, nos contaron historias de personas que llegaron sin familia ni apoyo, abandonadas y solas. Esta experiencia nos tocó profundamente y nos recordó la importancia de valorar y cuidar a nuestros mayores.
Mientras escuchábamos sus relatos, reíamos juntos y compartíamos momentos de alegría, pero también descubríamos una realidad dura y silenciosa. En cada rincón del hogar se percibía la falta de recursos; había necesidades tan básicas como camas adecuadas o medicamentos. Muchos de ellos vivían en condiciones difíciles, y la ausencia de familiares que los visitaran o cuidaran dejaba una sombra de tristeza que nos caló profundamente. Era como si, en medio de sus sonrisas y agradecimiento, hubiera una fragilidad evidente, la de quienes han sido olvidados en la última etapa de sus vidas.
En el segundo hogar, esta realidad se volvió aún más desgarradora. Allí, las historias que nos contaron parecían salidas de un libro de dolor y resistencia: personas que habían sido abandonadas en la puerta de entrada, sin una despedida ni una última caricia de aquellos que una vez fueron su familia. Recorríamos los pasillos y nos encontrábamos con miradas que parecían buscar, en cada rostro nuevo, una señal de afecto, un gesto de compañía. Ver el esfuerzo del personal por ofrecer un entorno digno y limpio, a pesar de los limitados recursos, fue un acto de amor que nos conmovió y nos inspiró.
A medida que avanzábamos en nuestra visita, el peso de esta experiencia nos llevó a reflexionar profundamente. Nos preguntamos cuánto valoramos, realmente, lo que tenemos y cuánto agradecemos las personas y bendiciones en nuestras vidas. En cada arruga de sus rostros y en cada mano temblorosa que estrechábamos, vimos las huellas de una vida que no siempre fue fácil, y en más de una ocasión tuvimos que contener las lágrimas para ofrecerles una sonrisa cálida, un abrazo sincero.
Este encuentro nos dejó con el corazón lleno de emociones encontradas: tristeza por el abandono que muchos enfrentan, pero también una inmensa gratitud por haber podido llevar, aunque fuera por un instante, un poco de alivio y consuelo. Nos recordó que cada ser humano merece ser valorado, cuidado y amado, especialmente en sus años dorados, cuando el cuerpo ya no responde como antes, pero el corazón sigue latiendo con el mismo deseo de compañía y cariño
Segunda Jornada de Capacitación en Santo Domingo
El 25 de octubre, en Santo Domingo, celebramos la segunda jornada de capacitación en el Colegio de Periodistas. Desde muy temprano, comenzaron a llegar personas desde distintos puntos del país, algunas de ellas habiendo viajado durante horas para poder asistir. Cada participante llevaba consigo un deseo de aprender y de mejorar la calidad de vida de sus seres queridos o de los pacientes a los que cuidan. La colaboración de instituciones locales fue crucial para ofrecer comida y agua, y, en medio de esta jornada de aprendizaje, se forjaron vínculos de amistad y apoyo que nos llenaron de energía y optimismo para seguir adelante
Reflexiones de un Viaje Transformador
Participar en una emisora de radio, respondiendo preguntas de los auditores después de todo lo vivido, fue un cierre perfecto para esta misión. Mientras respondía las preguntas y compartía información sobre Alzheimer y demencia, me invadió un sentimiento que trascendía la simple satisfacción del deber cumplido. Era una gratitud profunda, una sensación de haber sido parte de algo más grande que cualquiera de nosotros, algo que se construyó en cada paso, cada sonrisa, y cada abrazo compartido.
La misión nos mostró que el trabajo en equipo es un motor poderoso, capaz de lograr lo impensable. La fuerza de la comunidad, el espíritu inquebrantable de quienes se unieron a nosotros, y la generosidad sin límites de cada voluntario fueron como un abrazo constante que nos impulsó a seguir, incluso en los momentos más difíciles. Cada uno de ellos ofreció lo más valioso que poseían: su tiempo, su esfuerzo, y su amor incondicional hacia personas que quizás nunca vuelvan a ver. Esa entrega desinteresada me conmovió profundamente; me recordó que la verdadera riqueza se mide en los actos de bondad que dejamos como legado.
Me siento profundamente agradecido con cada uno de los que se sumaron a esta misión. Ver a personas que dejaron sus trabajos y sus responsabilidades para estar ahí, sin esperar nada a cambio, es un recordatorio de que todavía existen almas generosas y bondadosas, dispuestas a dar sin reservas. Cada miembro de mi equipo, cada organización que aportó un grano de arena, y cada persona que me acompañó en este viaje me enseñaron que el amor y la solidaridad tienen un poder transformador.
Este viaje fue más que un proyecto profesional; fue una lección de vida. Me llevo a casa la certeza de que cada esfuerzo, cada sonrisa, cada pequeño acto de bondad cuenta y deja una huella imborrable en quienes lo reciben y en quienes lo brindan. La fe, la gratitud y la empatía se convirtieron en el hilo que unió esta travesía y la llenó de sentido. Nos enseñaron que, aunque el camino a veces es arduo, siempre vale la pena dar un paso más, porque lo que dejamos en el corazón de otros, es lo que realmente perdura.
Esta misión me ha transformado, no solo como profesional, sino como ser humano.